ISMP
Orden de Predicadores

CARISMA

Nuestro instituto pertenece a la Provincia Argentina de San Agustín, una provincia de los frailes de la Orden de Predicadores, llamados también “dominicos” por su fundador Santo Domingo de Guzmán.

Participar del carisma de Santo Domingo es participar de su deseo de contemplar la profundidad del Amor de Dios, y su agrado y pasión por compartir lo contemplado con los demás, es decir, por anunciar la buena noticia del Evangelio a todos, no sólo con palabras, sino también con el testimonio de vida, tal como lo hizo San Martín de Porres en su tiempo.

Como Santo Domingo y San Martín de Porres, estamos llamados a cultivar el silencio contemplativo, que es una oportunidad para, y un compromiso con, el descubrimiento de la propia verdad, de la verdad de todos los que entran en contacto con nosotros, y de la Verdad trascendente de Dios. Practicar el silencio contemplativo es una actividad liberadora. Las palabras sinceras y significativas nacen de ese silencio, como así también las acciones proactivas y renovadoras. Ese silencio es condición fundamental para que se genere una comunidad, en la cual cada uno es escuchado, reconocido y avalado en su originalidad.


PROFESIONALES DE EXCELENCIA

En comunidad educativa tenemos una larga trayectoria en Santiago del Estero. Ofrecemos un servicio de formación profesional de excelencia, en trayectos relativamente cortos y con salida laboral. Ya desde el inicio de su carrera, los estudiantes tienen la oportunidad de practicar lo que estudian en la teoría, de tal manera de afianzar los contenidos y desarrollar las competencias necesarias para aplicarlas en su práctica profesional.

Para nosotros, formar profesionales honestos, responsables, y con valores humanos y cristianos, no sólo significa promover las capacidades individuales, sino, y sobre todo, promover las posibilidades de una sociedad en la que todos sean atendidos en su necesidad, promovidos en sus capacidades y respetados en su dignidad. Ayudamos a las personas que quieran desarrollar sus capacidades para la renovación del mundo. Educar es un acto de esperanza.